lunes, 3 de diciembre de 2018

Hermandad del Cristo de la Salud y San Nicolás de Bari

Se acerca el 6 de diciembre, y en alguna ocasión hemos hablado de San Nicolás. También hemos hablado de tiempos anteriores a La Hermandad del Cristo de la Salud y San Nicolás de Bari, que se fundó en el año 1751. Pero esta vez nos centraremos en ella, pues es considerada como la más antigua de la comarca,  se ha mantenido ininterrumpidamente a lo largo del tiempo y sigue gozando de buena salud, aunque posteriormente haremos una aclaración al respecto de la creencia popular de su perdurabilidad en el tiempo. 
 Fue considerada, durante la mayor parte de su historia, como una asociación gremial de agricultores, aunque el acta fundacional no menciona esta condición para ser miembro y además ha tenido en sus filas a vecinos que no lo eran. En cualquier caso, parece evidente que fuera una cofradía de agricultores teniendo en cuenta que el 90 % de la población se dedicaba a ello. Existen, registrados y constatados, documentos de 1751 que versan sobre la fundación de la hermandad del Cristo de la Salud, ex­clusiva de los hombres, así como la de la Virgen de la Ribera, sólo para mujeres. El 13 de marzo de 1791 se redactaron las ordenanzas por el secretario de la cofradía D. Vicente Lorenzo para adaptarlas a lo que pedía el arzobispado. El 1 de noviembre de ese mismo año se aprobaron y refrendaron las ordenanzas de la congregación y la hermandad del Cristo de Paracuellos en la ciudad de Toledo por el entonces cardenal arzobispo de Toledo, el eminentísimo Señor D. Antonio Lorenzana. La muy devota y humilde congregación del Santísimo Cristo de la Salud y San Nicolás de Bari. Siendo en aquel momento hermano protector D. Joseph Herranz y Mén­dez y párroco de la Iglesia de San Vicente Mártir y Perfecto Eclesiástico, D. Manuel Damián de Losa. Figuraban además como hermano mayor D. Manuel García Marín, como secretario y contador D. Vicente Lorenzo, tesorero D. Thomás Herreros, mayordomo de cera D. Juan Domínguez, enfermero D. Josef Pau, celador D. Josef Francés y por último, muñidor D. Ca­yetano de Cuesta. La cofradía se formó en torno a veintisiete devotos vecinos que tuvieron que hacer un juramento de ingreso, aunque para algunos fuese la segunda vez, ya que lo había hecho 40 años atrás: Defender el Misterio de la Inmaculada Concepción; reduciéndose lo demás á Promesas de Cumplir, y Guardar, todo quanto previenen dicha Cofradia, que en sus principios se exigió con Autoridad, y Aprobación Ordinaria. En cuia Virtud, los susodichos ofrecieron, que desde luego se Conformaban, y Conformaron en entrar libremente. Establecerse, y nuevamente incorporarse en la Expresada Cofradia del SSmo. Christo de la Salud y San Nicolás de Bari esta­blecida, y fundada por los años de mil setecientos y Cinquenta y uno
Se comprometían a guardar todas y cada una de las ordenanzas al tiempo que se establecía un sistema de multas en caso de incumplimiento. El tesorero de la cofradía certificó también la entrega de mil ochenta reales de vellón que todos los hermanos habían puesto a razón de cuarenta cada uno para el ingreso y que se guardaban celosamente en el arca de tres llaves que se encontraba en la iglesia de santa Ana en el archivo y arca de San Nicolás, y que sólo podía abrirse al juntarse los poseedores de las llaves, denominados los claveros. La finalidad más importante de esta cofradía, y de la mayoría de ellas, fue el socorro a los hermanos y sus familiares. Podemos decir que actuaban como una mutua o aseguradora que permitían a quien estuviese en ella tener la seguridad de que en caso de enfermedad o defunción del cofrade o de algún familiar en primer grado, se beneficiaría de las ayudas del resto, no sólo monetarias sino también espirituales. Para ello diseñaron un sistema de ayudas mutuas donde cada hermano tenía que pagar una cuota mensual llamada Mesada, de dos reales de vellón. Aunque el sistema se hacía más complejo en caso de enferme­dad de algunos de ellos que le impidiera cuidar sus cosechas, o de fallecimiento, y que según cuentan las ordenanzas, debía de pasar medio año para poder ser beneficiario de estas ayudas: Se socorra a los Hermanos Enfermos con la limosna de quatro reales de vellón diarios, esto se en­tienda, que por lo menos, se le socorra con la limosna de Cinco reales de vellón diarios, en la forma prevenida en dicha ordenanza; que quando muera un Hermano, todos los demás Contribuyan con la limosna de dos reales de vellón para Misas de á dos reales cada una. Esto se entienda, que toda esta limosna junta, y hecha un Cuerpo, se distribuirá en Misas de á quatro reales de vellón cada una, para su mas cunta y pronta Celebración. Asímismo se manda, que el Socorro, que se á de dar a los Hermanos Enfermos, no deverá, ní debe principiarse, hasta que pase el medio año al Es­tablecimieto. También decretaron todas las normas de protocolo que había que seguir en caso de fallecimiento: Que faltando alguno de ellos (hermanos) personalmente al Entierro de algún hermano o hermana o personas que tengan dicha asistencia Difuntos, deve pagar de multa la li­mosna de ocho reales de vellón en recompensa de la de quatro reales que previenen las ordenanzas; Asímismo acordaron que muriendo alguna mujer de algún hermano actual, se le contribuya con abito y Misas en la misma forma que aqualquier hermano Difunto y esto mismo se deve entender con la Madre, hermana o ama de algún hermano Soltero Viudo o Sacerdote: bien Entendido por la asistencia de los hermanos a los entierros se deve entender desde la Casa de el Difunto hasta que se Concluya el Entierro; Asímismo acordaron que si en lo sucesivo entre algún otro hermano no sea socorrido hasta que sea cumplido en medio año de su Entrada. Y algunas de las cargas de trabajo de los diferentes hermanos: últimamente acordaron que los dos sermones del SSmo. Christo de la Salud y San Nicolás de Bari se encarguen por el protector Perfecto Eclesiastico a su Theniente y el hermano Mayor; y que la Cera que se ha de traer ha de ser tantos Cirios de a libra como hermanos aya, y además dos achas de quatro Libras para alumbrar a el Cuerpo Difunto de hermano o her­mana hasta la hora de su entierro.
Sólo podían entrar nuevos miembros en caso de fallecimiento de alguno de los hermanos. El tope máximo de cofrades se fijó en veintisiete, aunque esto no está del todo claro, ya que en un acta de 1817 eran treinta los hermanos y durante casi todo el siglo XX fueron treinta y tres, que era la edad de Cristo cuando murió en la cruz, y a partir de 1994 fueron más de 40 herma­nos, algunos incluso con residencia en otros municipios. Los candidatos que solicitaban entrar quedaban nombrados como supernumerarios y tenían que mantener una actitud cristiana in­tachable mientras esperaban su momento. Por ejemplo en 1802 cuando por fallecimiento del hermano D. Manuel García Espinar se eligió al supernumerario que debía de ocupar su plaza: Que en su lugar (del fallecido) se nombrase a el que se tubiese por mas conbeniente y enterados dichos oficiales dijeron de Comun acuerdo que nombraban y nombraron acmitian y acmitieron a Pedro Antonio de Mesa Vecino de esta Villa supernumerario que lo había sido de la misma Cofra­dia y desde aora se tenga por hermano en propieda, qui estando presente Aceto el hempleo de tal hermano y se obligo en su virtud a guardar y cumplir todas y cada una de las ordenanzas. En la actualida entrego quarenta reales de vellón. En el mismo día se nombró a D. Gregorio Villalba, previa presentación de un memorial, como nuevo supernumerario. 
No tardaron en llevar a la práctica el socorro a los hermanos enfermos, apenas ocho días después del refrendo de la cofradía: Se sacasen Doscientos Reales de Vellón para la asistencia de los Hermanos Enfermos. En enero de 1793 para pagar las costas médicas: Nuestro Hermano Angel Velasco con la Cantidad de treinta y cinco reales de vellón de siete días de socorro. Como costa de Certificación del Medico. O el 22 de diciembre de 1792 para un entierro: Murió la Mujer de nuestro Hermano Diego Aguado, se le dio abito, Misas, Cena y asistencia de Hermanos a el entie­rro. El libro de actas está lleno de pequeñas aportaciones para atención a enfermos y entierros. 
Tenían además en propiedad dos tierras cuyo arrendamiento se usaba para el cebo de su Lampara. La una en la huerta del el Christo y la otra en las Fronteras. Se labren y administren por la Cofradia para que el Mayordomo de Cera cuide eficacmente del cebo de dicha Lampara. Tierras que fueron confiscadas por los agentes de amortización en 1841.


Respecto a las celebraciones litúrgicas de la cofradía, que por cierto, era nombrada indistintamente como Hermandad y como Cofradía a lo largo de estos años, aunque finalmente se impondría hermandad, encontramos un recorte del 11 de junio de 1771 del Diario de Madrid en el que se dice: En la Villa de Paracuellos, tres leguas de esta corte, con motivo de haberse establecido una hermandad de socorro, con todas las licencias necesarias, intitulada del Santísimo Christo de la Salud y San Nicolás de Bari, se celebra función solemne en la iglesia del Excelentísimo Señor Duque de Medinaceli, propia suya, titulada de Santa Ana, el día primero del aproxima Pas­cua de Pentecostés, ó Venidad del espíritu Santo, y también el tercero, con misa, sermón, y Descubierto. Asisten á la misa, y procesión ambos días por mañana y tarde, un complejo de voces e instrumentos de Músicos profesores de esta Corte. El segundo día de dicha Pascua, se celebra la fiesta anual á nuestra Se­ñora de la Ribera, que se venera en el Convento de Religiosos Observantes de San Gil, en los términos acostumbrados. Tam­bién tenemos más datos sobre sus celebraciones, como la del 8 de noviembre de 1792 que se reunieron para organizar los tres días de funciones que costeaba el duque de Medinaceli: Para poner la lámpara del Ssmo. Cristo se compre una Cantela de Yerro, y que para los tres días de las funciones se da Comisión del Hermano Mayor para que busque ynstrumento y le ajuste de modo que como a su costa durante dichos tres días de funciones de la colocación del Smo. Sacramento y del Smo. Cristo de la Salud y Sn. Nicolás de Vari que costea el Exmo. Sr. Duque de Medinaceli. Y como vemos no faltaba la música, ya que el 18 de noviembre de 1792 la Hermandad se reunió en la iglesia de Santa Ana para pagar el contrato, a un Gaitero y Tamborilero por haber tocado los días 27, 28 y 29 en la función de la colocación del Santísimo Sacramento en la iglesia pa­rroquial de san Vicente mártir por un importe de 150 reales de vellón. En 1814 encontramos un acta donde se dice, además de dejar claro la ausencia de muchos hermanos por enfermedad o por causa de la Guerra de Independencia que, como en años precedentes, los músicos que habían de tocar en las celebraciones de los días 29 y 31 de mayo tenían que ser quince. Y aquel hermano que se quede sin músico tendrá que dar treinta reales de vellón, (a) los que han de ir a por ellos. Por cierto, ir a por los músicos se convirtió en una de las obligaciones para los con­gregantes. Todos los años disponían de dos hermanos para traerlos, y otros dos para llevarlos. En 1903, por ejemplo, fueron en dos carros a por diecinueve músicos Timoteo San Martín y Alejandro Lorenzo, y la vuelta corrió a cargo de Telesforo Bernardo y Mariano Moratilla. 

Es en estos años cuando se empiezan a organizar las fiestas patronales que hoy día conocemos. No sabemos la manera en que ocurrió pero podemos intuir que el proceso de desamortización dejo muchas de las cofradías que había en Paracuellos fuera de juego y con ello se dejaron de celebrar sus funciones, que también eran consideradas como días de fiesta para el pue­blo. El empuje, crecimiento y poder de la hermandad, sin duda fue decisivo para que se impusieran sus celebraciones. Se instauran, por tanto, las fiestas patronales en honor al Santísimo Cristo de la Salud, y la dedicada a Nuestra Seño­ra de la Rivera, que se veneraba en el convento de san Luis Obispo, de la orden de los descalzos de Nuestro Padre San Francisco, extramuros de la Villa de Paracuellos, y la de san Nicolás de Bari, que serán el primer día de pascua del Espí­ritu Santo. Aunque también se celebraban otras fiestas a lo largo del año, que sepamos: la de san Vicente el 22 de enero, patrón de la iglesia; la de santa Águeda el 5 de febrero para que les librara de las tormentas de granizo; el 24 de abril san Gregorio, para que les protegiera contra el escarabajuelo de las viñas; la de los santos Justo y Pastor,el 6 de agosto para prevenir la plaga de langosta y el 20 de enero, san Sebastián, para cuidar a los vecinos de la peste negra. 
Y la aclaración que queremos hacer y a la que hacíamos referencia al principio del texto, es sobre el funcionamiento ininterrumpido en estos 268 años de existencia. Siempre hemos pensado los vecinos, que la hermandad sobrevivió a las diversas desamortizaciones de bienes eclesiásticos, que acabaron prácticamente con todas las cofradías que había en España. Siempre se pensó que había sido de las pocas supervivientes, la única de Paracuellos, ya que incluso edificios tan poderosos como la iglesia de santa Ana y el convento de los Franciscanos sucumbieron a tales desamortizaciones. Sin embargo, hemos descubierto entre los papeles que manejamos en el archivo, el documento con el acta de disolución de la hermandad, fechado el 23 de diciembre de 1841. Ese año la hermandad celebró, como de costumbre, las fiestas en los términos habituales. El 12 de abril se reunieron para preparar las funciones, aunque parece ser que algunos de los hermanos habían dejado de pagar las cuotas y se les amenazaba con la expulsión si en un plazo de ocho días no hacían afectivo el pago. Desde hacía varios años el ambiente y la desolación por la enajenación de bienes dentro de las instituciones religiosas era evidente y parece claro que empezaba a haber algunas deserciones. La puntilla se la dio la orden estatal de septiembre donde se pedía la disolución de todas las cofradías de España. A pesar de todo, siguieron algunos meses más, negando la evidencia y a contra corriente, hasta que el día 22 de diciembre el alcalde hubo de pedir al hermano mayor que cumplieran con la ley: En el día de ayer se le había notificado por el Sr. Alcalde Constitucional y Secretario de su Ayuntamiento, una Real Orden de S. A. el Regente del Reino, relativa a que se disolviesen todas las Cofradias, y Congregaciones que se allasen fundadas en la Parroquia de esta Villa, su fecha dieciocho de Nobiembre anterior, y enterados acordaron que desde este día queda disuelta esta Congregación. Acto seguido, el secretario de la hermandad entregó el libro al señor alcalde para su archivo, como así lo establecía la orden. Lo que pasó después queda relegado al territorio de la especulación más absoluta, sin embargo nos atrevemos a contar lo que pudo pasar porque lo que ocurrió en Paracuellos con la hermandad no fue una excepción. A lo largo del todo el territorio se sucedieron hechos parecidos. Lo más probable es que algunos hermanos a título personal, llevados por su devoción, siguieran pagando de su bolsillo estas celebraciones. In­cluso hubo cofradías que se mantuvieron en la sombra hasta que la situación se revocó quince años después. Para entonces, muchas habían dejado para siempre de existir, y sólo unas pocas, como la que nos ocupa, volvieron a retomar su actividad. Aunque ya nada fue como antes, la hermandad del Cristo de la Salud y san Nicolás de Bari ha conseguido llegar hasta nuestros días, no sin ciertos vaivenes, gracias a la devoción de los paracuellenses y el deseo de muchos de pertenecer a ella, bien por convicción o bien por el estatus social que supone.
 Probablemente el peor momento de la Hermandad después de su disolución de 1841, llegó un mes antes de estallar la Guerra Civil. El 18 de mayo de 1936 se reunieron 12 hermanos (Nemesio Aresté, Timoteo San Martín, Feliciano Gualix, Pedro García, Jesús Domínguez, Jorge Marcos, Ino­cencio Lorenzo, Mariano Herreros, Fermín Calleja, Plácido Velasco y Leoncio Yebes), en un ambiente de temor, acordaron: Por mayoría que dadas las circunstancias que atravesamos y las desgracias que venimos viendo que ocurren en otros sitios por contra de las funciones religiosas(acordamos) suspender dichas fiestas hasta que se pueda celebrar y las circunstancias lo permitan. Y la guerra no lo permitió hasta el 27 de abril de 1940 cuando se reunieron 8 hermanos y deci­dieron celebrar solamente las misas: y no poder hacer más porque somos muy pocos y no tenemos fondos (…) siendo forzoso a todo congregante confesar y comulgar en día de Pascua, y el que no lo haga será expulsado de esta congregación. Unos meses más tarde, el 24 de noviembre, se reunie­ron 9 hermanos en casa de Mariano Herreros para volver sufragar los gastos de las fiestas de 1941 a razón de 2 pesetas por congregante. Muy lejos de las 15 pesetas que había a cordado poner cada uno dos meses antes del comienzo del conflicto bélico. Lo que nos da una muestra de la precariedad y la falta de recursos existentes después de la guerra. Desde 1994 los estatutos de la cofradía fueron modificados por el obispo de Alcalá de Henares D. Monseñor Ureña Pastor que quiso adaptarla a la nueva realidad, cambiando sus objetivos iniciales de ayuda y protección a los hermanos. Desde entonces está considerada como Asociación Promotora de la Fe Cristina, aunque mantiene vivas todas sus tradiciones.

Hay varias curiosidades que encontramos de los libros de la hermandad, por ejemplo, que todas sus actas empiezan con la frase: “Ave María Purísima”. Uno de los vecinos que más tiem­po ha permanecido en ella fue D. Timoteo San Martín Luna que ingresó el 17 de abril de 1892. Ejerció de tesorero desde 1906 hasta 1936 y falleció el 25 de agosto de 1940 tras 46 años. Las cuotas de los hermanos han variado mucho, yendo desde los 24 reales de vellón de 1751, 40 reales en 1881, 5 pesetas en 1890, 10 pesetas en 1904, 15 pesetas en 1936, 3 pesetas en 1980, hasta los 100 € de la actualidad. Además de la colaboración monetaria constante en muchos de los gastos de la iglesia, también ha donado parte de sus recursos a ayudas humanitarias y culturales, como los 3.000 € en 2002, los 1.500 € para lo ONG Pan y Vida, o los 1.500 € para el montaje de la obra de teatro La Pasión y Muerte en 2006. En 1993 se cedió al Ayuntamiento los gastos de los fuegos artificiales. La última de las cuestiones que se han planteado en las jun­tas de la hermandad, es una que ha levantado gran polémica, y no es otra que el ingreso de las mujeres. En 2008 se votó esta cuestión y el resultado fue de 9 votos a favor, 11 en contra, y 4 abstenciones. En 2009 se volvió a discutir sobre la misma cuestión y la discusión acalorada que provocó, acabó por disolver la reunión, siendo un tema pendiente de resolver.

El Zoquete y el Zocato

Bibliografía:

- NÁJERA MARTINEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. (2006): "Historias de Paracuellos de Jarama". Ayuntamiento de Paracuellos de Jarama. Madrid.

martes, 6 de noviembre de 2018

PEQUEÑAS GRANDES HISTORIAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Cuando hablamos en tertulias familiares o con amigos de hechos o historias de la Guerra civil, son muchos los que acaban recordando a algún familiar (abuelo, abuela, padre, madre, o se lo ha oído contar a un amigo de un amigo, o de un conocido, etc, etc.) que le contó un hecho trágico o sorprendente de aquella guerra fratricida entre hermanos, que es al fin lo que fue. 
La mayoría de aquellas historias trascurrieron lejos del frente, en las ciudades y pueblos. Y tuvieron unos protagonistas civiles que  lo único que hicieron fue tratar de sobrevivir a los acontecimientos político/militares. No es ninguna excepción, en realidad ocurre en todas las guerras.

Dramáticas historia de supervivencia que en la mayor parte de las veces acabaron mal, muy mal. Porque los enfrentados bandos, al tiempo que luchaban en el frente, trataron de hacer limpieza (étnica, político y social) en la retaguardia. La nueva España, habría de resurgir sobre los huesos de la antigua, y a ello los dos bandos se aplicaron con diligencia. En el bando nacional, fueron los militares sublevados los encargados, a medida que conquistaban pueblos. Y en bando republicano, fueron las milicias armadas. Que no eran otros que los jóvenes vecinos politizados de cada pueblo, surgidos de la lucha obrera en sindicatos o partidos de izquierdas (generalmente de las juventudes socialistas y comunistas y del sindicato anarquista CNT).

La pequeña historia que os cuento, y lo hago sobre todo para que no se olvide, transcurre en el pueblo de Barajas, hoy integrado en la cuidad de Madrid como un distrito, y el protagonista principal, mi abuelo Juan Nájera Alonso. Un barajeño “de los de toda la vida”, que fue catalogado por sus propios familiares como “la oveja negra de la familia”.  Y lo fue porque sus padres y sus cinco hermanos eran personas católicas y conservadoras, de misa diaria. Hasta el punto de que algunas veces, se jactaba de ellos haciendo chascarrillos de tipo: - ¡¡ Míralos, ya van los beatos a misa…!!
Pues bien, mi abuelo, no sabemos si llevado por su juventud y seducido por las nuevas ideas de justicia e igualdad social, abrazó la causa republicana. Era militante del Partido Socialista de Barajas, pero cuando estalló la guerra, ya se había casado, tenía dos hijos y se había ido a vivir al vecino pueblo de Paracuellos de Jarama, porque su mujer, mi abuela, era de allí. Esas cargas familiares hicieron que no mostrase mayor interés en la política y tampoco formó parte de las milicias locales. Se dedicó, como la mayoría de las familias españolas de uno u otro bando, a trabajar para llevar el sustento a la suya, que no es poco.
Trabajaba como vaquero llevando a lomos de caballo y pica, los toros de la Muñoza  a pastar o a las ferias de los pueblos. Pero a los pocos meses de estallar la guerra, fue movilizada su quinta, y combatió en la zona de Albacete con el ejército republicano.  
En uno de los escasos  permisos que disfrutó, se fue a una de las tabernas de Barajas. Mientras se tomaba su chato de vino apoyado en la barra, al lado de la puerta de entrada, pudo escuchar la conversación que tenían al fondo del local unos jóvenes milicianos armados que hablaban de ir a por “el Cartagena” para darle el paseo y acabar con su vida.  
Cuando estos se disponían a abandonar la taberna, mi abuelo se puso en mitad de la puerta de entrada y les dijo: - Por encima de mí cadáver…No sabemos si hubo alguna conversación más, pero la determinación, arrojo y valor que mostró sirvió para que los milicianos diesen media vuelta y no fueran a por su víctima.
El Cartagena, era su hermano mayor y se llamaba Mariano. Ya siendo ancianos, subía a Paracuellos con cierta frecuencia para visitar a mi abuelo y siempre se daban un largo abrazo al tiempo que le decía: ¡¡ Ay hermano, gracias, muchas gracias,  que me  salvaste la vida!!
Sirva este sencillo relato para dejar constancia escrita de unos hechos que ocurrieron durante la guerra en el pueblo de Barajas, y en el que mi abuelo consiguió salvar la vida a su hermano. 

El Zocato.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Tenemos Cronistas Oficiales

     Ayer 25 de Septiembre, nombraron Cronistas Oficiales, a el Zoquete y al Zocato. Fue en acto sencillo y emotivo en presencia de familiares, amigos y autoridades.
     Queremos agradecer a todos los que han confiado en nosotros para ostentar dicho cargo. Ahora estamos en pleno proceso de reflexión. No sabemos muy bien si iremos trasladando todo lo del blog al espacio que nos han cedido en la pagina web del Exmo. Ayuntamiento de Paracuellos de Jarama. Existe la posibilidad de que sigamos poniendo y añadiendo "historias" en el blog, pero aún está por decidir.
    Os dejamos nuestro correo oficial, que es cronistas@paracuellosdejarama.es , para cualquier consulta que quieran hacernos.
     Gracias a todos.
     El Zoquete y el Zocato.

lunes, 23 de julio de 2018

Enfermedades comunes en el siglo XIX

Cuando emprendimos el camino para  descubrir la olvidada historia de Paracuellos, nunca pensamos en llegar tan lejos. No estábamos seguros si quiera que las historias  tuvieran algún interés para los vecinos. Pero por suerte, a  medida que pasaban los años y avanzábamos en la lectura y compresión de cientos de documentos, vimos que daba para hacer un interesante y extenso libro de historia que vio la luz en el año 2017. Y donde se contaban historias completas pero también historias parciales, en función de la información que hemos podido recabar. También nos aventuramos a hacer hipótesis sobre algunos temas porque disponemos de indicios pero ningún documento que abalase nuestros argumentos, por eso lo dejamos simplemente en hipótesis más probables. 

Una de ellas era el topónimo “eras de Chamberí”  que hacía referencia a un territorio que abarca desde el parque del Chusquillo(calle Ronda de la Fuente) todo el lateral derecho hacia el barranco y llega hasta el colegio público Virgen de la Ribera. Aunque hoy están completamente edificadas y sólo se conserva una calle con el nombre. Estábamos seguros de que al igual que el barrio madrileño de Chamberí donde está probado que se asentó un destacamento francés de la región de Chambery durante la ocupación de Madrid por las tropas de Napoleón durante la llamada Guerra de la Independencia, nuestras eras de Chamberítenían que ser de origen francés, bien por un vecino galo con ese apellido, o bien por la ocupación total o parcial en alguna guerra o época. Nos aventuramos a pensar, como la hipótesis más probable, que fuera durante la guerra contra el invasor francés porque sabíamos de la existencia de destacamentos en los alrededores de Madrid cuyo objetivo era el control de las rutas y caminos, vitales para el suministro de sus tropas. Y así lo pusimos en el libro. Pero cuando ya estaba listo para su impresión, encontramos un libro editado sólo en Francia que hablaba de la posición de destacamentos franceses en algunos pueblos, entre ellos Paracuellos. Además no esteramos que era del Cuerpo de Dragones de su caballería. Dato que incluimos en el libro “a calzador” y sin modificar su maquetación en un par de renglones. Nos quedamos enteramente satisfechos porque se demostraba que ahí había estado nada más y nada menos un destacamento el tiempo suficiente para que los vecinos pasasen a denominar aquel sitio con ese nombre y que perdurase hasta nuestros días. 
Así hasta que hace unos días, que buscando (en realidad nuca hemos dejado de hacerlo) apareció ante nuestros ojos un sorprendente documento, fechado el 11 de agosto de 1811, que habla sobre la solicitud que hace un Comandante francés llamado Bremont, a las autoridades municipales para que elaboren un listado con todas las enfermedades que padecen o han padecido los vecinos, debido a que parte de sus tropas acampadas en la localidad han contraído enfermedades. Sabemos que la preocupación de lo mandos militares por las enfermedades de sus tropas siempre han sido en todas las guerras un verdadero problema, hasta el punto que en la mayoría de ellas causan más bajas que la propia guerra. Por eso, este comandante que se encuentra hospedado en la posada de la villa, decide tomar cartas en el asunto y manda al  alcalde una carta con esta cometido. Lo que quedó reflejado, nos ilustra sobre dos cosas, una: que afectivamente, hubo tal destacamento y que su comandante se preocupó mucho por el contagio de sus soldados. Y dos: nos enteramos de paso de las enfermedades que padecían los vecinos,  sus remedios, que encontramos de lo más curioso y  que damos cuenta a continuación…

El estudio que manejamos resume lo que padecen los malsobaqueños durante los 15 años anteriores a 1811, escrito por el Cirujano de la Villa de Paracuellos D. Julián de Ávila. Son varias las enfermedades más comunes y los remedios aplicados para tratar, y la solución para paliar estas. 
La primera que encontramos es el la fiebre intermitente, que lo achaca al agua pantanos y putrefacta, que al respirarla temprano por la mañana, la putrefacción entra en ellos y les produce las fiebres. Su tratamiento con quina, les remite tal malestar. Estamos claramente ante casos de Malaria o Paludismo, que se palia con el tratamiento con quina, sales neutras y carbonantes, que en ese momento se le llamaban fiebres terciarias, sin saber que el causante de la enfermedad era un parásito del genero Plasmodium. La primera vez que se identificó el protozoo causante de la enfermedad fue en el año 1880, nada más y nada menos que 70 años después del escrito que nos traemos entre manos.
Sigue el documento con el cólico y paracólico, que lo achaca directamente a la mala costumbre paracuellense de desayunar Pepinos y Queso, y luego llenar el estomago con abundante agua. En este caso un tratamiento con: éter vitrioso y una infusión de opiáceos, eso si, acorde con el tamaño del individuo a tratar. En este caso lo recomendado es cambiar el beber tanta agua por aguardiente o vino.
Están también descritos varios procesos catarrales y fiebres, especialmente en otoño. Estos procesos lo achaca a la situación geográfica del municipio, el cual goza de una altura superior, rodeado de barrancos y arroyos. El tratamiento es a base de humedecer mucho al enfermo, que parece que les va bien a los vecinos para esta dolencia.
Por último aparece la Viruela, enfermedad infecciosa muy grabe que ha sido erradicada del planeta en 1977, gracias a las campañas de vacunación de los últimos dos siglos. En 1796 el inglés Edward Jenner se da cuenta , que las personas que estaban en contacto con las vacas estaban protegidas de viruela de forma natural. Realiza entonces un experimento, raspa en un brazo de un niño de ocho años con el material extraído de las pústulas de viruela de vaca, consiguiendo la inmunidad del chico. Comienza así la era de la vacunación. Vemos en el documento que traemos entre manos, que en Paracuellos, el Dr. Julián de Ávila, comenta que ese 1811 hay una epidemia de viruela, en el  que veinte niños no vacunados con la linfa, son atacados por la enfermedad de forma brutal. Entonces a partir de una póstula de su hija, de brazo a brazo, comienza una vacunación que salva de la catástrofe a setenta niños. Es la primera vacunación documentada en nuestro municipio, y tan solo quince años después de su descubrimiento. 

El Zocato y el Zoquete.
Bibliografía:
-  VV.AA. (1811): Sobre las enfermedades que más comúnmente reinan en la villa de Paracuellos de Jarama.

miércoles, 4 de julio de 2018

36 AÑOS DE RONDALLA MUNICIPAL


Una de las mejores cosas que puede hacer un ser humano a lo largo de su vida, es aprender a tocar un instrumento musical. Como dice la expresión popular: “la música amansa a las fieras” pero también abre la mente y la prepara para, en adelante, disfrutar del gusto por el arte en todas sus manifestaciones. Eso debió de pensar nuestro primer alcalde democrático, D. Ricardo Aresté cuando en 1982 decidió contratar a dos profesores de música y uno para modelado con arcilla para llenar de actividades culturales las tardes extraescolares de los más jóvenes del municipio. Vaya por delante que ya existía una larga tradición en Paracuellos por los instrumentos de pulso y púa. Una agrupación que venía tocado “de oído” * desde al menos 1943 cuando D. Evelio Saldaña la formó para tocar sobre todo en el día de los Quintos o en bodas, comuniones y bautizos. Esta Rondalla mantuvo cierta regularidad a lo largo de los años, no mostrando mayor interés en salir de las fronteras de Paracuellos. (*Para los menos doctos en el argot musical, “de oído” significa aprender a tocar sin partitura. Bien porque no se tiene o bien porque no se sabe y se ha aprendido de memoria.)

Seguramente por esta circunstancia, la contratación de dos profesores de música para aprender solfeo, guitarra, bandurria y laúd obedece a este interés previo de los vecinos. También para ser justo, debemos reconocer la labor de enseñanza de un profesor de música  de EGB del Colegio público Virgen de la Rivera, llamado Nemesio Velasco “Don Nés”  (qué por cierto, tiene también una dilatada y reconocida carrerea como pintor especializado en Sorolla)  que enseñaba  guitarra después de las clases y que mantuvo viva la llama de la música dos o tres años antes. 
De las clases de modelado con arcilla no puedo comentar mucho. Sólo diré que mi ilusión inicial  se desvaneció enseguida porque no era capaz de plasmar con mis manos lo que mi mente imaginaba y la mayor parte de las veces la arcilla  acababa seca y echa un churro, en la basura. Un desastre que me causaba grandes decepciones y que hizo que desistiese pronto. Sólo sé que la actividad duró unos cuantos años y que finalmente desapareció, no sabemos si por falta de alumnos, o falta de profesor. 
De lo que sí puedo dar cuenta es de mis 20 años en una Rondalla y Coro Municipal  que este año cumple 36 años de actividad ininterrumpida. Y lo hace con la pena enorme de la jubilación de sus profesores, pero también con la alegría que supone haber estado todos estos años compartiendo momentos inolvidables que han quedado en la retina de todos los que han tenido la suerte de pertenecer a esta agrupación. Los artífices de todo esto son estos dos profesores D. Pablo Luis Pérez Palomero y D. José María Sánchez Morales. Su entusiasmo, disciplina y conocimientos se trasladaron a unos jóvenes alumnos que en pocos años consiguieron una formación musical sin precedentes en el municipio y con ello una rondalla muy admirada y valorada y que se ha convertido,  dicho sea de paso y por derecho propio, en el orgullo de ParacuellosAllen de nuestras fronteras.  Ni más ni menos…
Yo empecé  1983 con apenas 11 años, sin saber muy bien qué era aquello, pero decidido e ilusionado por apuntarme a Música. Recuerdo a mi madre hablando con un joven profesor y acto seguido disponer de unos libros de solfeo y de teoría de la música que me acompañaron muchos años. Todavía hoy recuerdo la definición que hacía de la música: “Que es el arte que se expresa combinando el sonido y el ritmo” y la de solfear: “que es medir y entonar lo que expresa la escritura musical”. Lo duro que era solfear cantando y midiendo lo que el pentagrama dictaba. Las lecciones, que eran más difíciles a medida que se avanzaba, hasta el punto de aprenderme de memoria alguna de ellas: “doooo, dosidoremi, redosidoresisol, laaaa…”etc, etc. que había que cantar delante del profesor José María. Y los dictados con un pentagrama en blanco que había que completar con las notas que el profesor tocaba en el piano…
Unos meses más tarde, cuando ya se tenía cierta habilidad con el solfeo, iba a la clase del otro profesor Pablo para aprender a tocar un instrumento. A mí me tocó aprender el Laúd porque fue el profesor, viendo las necesidades de la Rondalla, el que determino qué instrumento debía comprar mis padres. Además tenía el hándicap de que era zurdo y por no cambiar todas las cuerdas y estropear la estética línea de mástiles en una misma dirección, tuve que aprender de esa manera, con el consiguiente esfuerzo extra. Pero no me importó. Estaba decidió a aprender a tocar y el esfuerzo de cientos de horas mereció la pena. Hasta en los viajes de ocho horas a la playa en el Seat 124 de mi padre daba serenatas  a toda la familia con el laúd. Más de una vez estuvo a punto de salir volando por la ventanilla del coche, pero había que hacer callo en los dedos…
La primera actuación llegó al poco de entrar en la Rondalla. Y lo hice en el Coro de niños que formábamos la clase de solfeo. Fue en las fiestas de Paracuellos de 1984 en el escenario que se pone en la plaza. Y las canciones de lo más sencillas y a una sola voz: La Aurora, La Sirenita…el traje pantalón azul marino, camisa blanca y un ridículo lazo azul (que más adelante fue cambiado acertadamente por una corbata).
Mi segunda actuación, unos meses después y ya tocando el laúd, fue en las pistas de tenis del Club de los Berrocales con motivo de sus fiestas. Una actuación que recuerdo con el apuro de no saber tocar muy bien y al Aguacil de Paracuellos detrás de las partituras que salían volando de los atriles debido al viento racheado. Las canciones también muy sencillas: Sebastopol, Carrascosa, EL Mundial 82
Poco a poco, a base de ensayos todos  los lunes, miércoles y viernes, fuimos viendo cómo los dedos se hacían más ágiles, las canciones más complejas. De las primeras salidas fuera del municipio recuerdo como la más entrañable la que hacíamos todos los años a El Espinar (Segovia) el pueblo del profesor Pablo. Era un día de fiestas pues íbamos acompañados de los padres, hacíamos un día de comida campestre y luego a la tarde nos vestíamos y actuábamos en diversos sitios: centro cultural, teatro, iglesia…pero también visitamos multitud de pueblos y ciudades que mi mente no es capaz de recordar. Aunque las más importantes: Madrid, Alcobendas, Pinto, Aranjuez, Alcalá de Henares, San Rafael…todas ellas llenas de aplausos y reconocimiento por la calidad de las interpretaciones. 
Otro salto de calidad llegó en 1990 cuando se creó el coro de adultos que permitió ampliar notablemente el repertorio y los estilos musicales. La conquista de multitud de premios y galardones, como el primer puesto en el Certamen de Rondallas de Madrid-Castilla la Mancha en 1995 y la grabación en 1996 del primer disco con una recopilación de las mejores canciones así lo certifican. En esta grabación, ya se incluían pasodobles como Pepita Greus, habaneras como Torrevieja, zarzuelas como Gigantes y cabezudos,música clásica como La música nocturna de Madrid.Pero la mejor de todas o la más recordada, es la canción de  Paracuellos compuesta por D. Antonio Melero con  música de D. Pablo Luis Pérez, que se ha convertido, por derecho propio, en el himno de todos. Y se suele tocar siempre que la Rondalla y Coro actúa en nuestro municipio. 

De la última etapa no puedo hablar mucho. Las obligaciones familiares me hicieron dejar en 2003 esta agrupación con pena pero con el deseo de volver en cuanto me fuera posible. Pero entre tanto, mientras yo criaba churumbeles, la Rondalla y Coro dieron otro salto de calidad y cantidad. EL Coro se amplía con los nuevos vecinos y la parte instrumental también experimenta un cambio generacional aunque manteniendo una buena base. De esta época destaca la cantidad de encuentros con otras Rondallas y agrupaciones lo que permite ampliar el horizonte de los viajes. Que yo sepa: Valladolid, Valencia, Cabra (Córdoba), Motril (Granada), Astudillo (Palencia) etc…llegando a tocar en 2012 en Irlanda donde actuaron en el Festival Internacional de Cavan, dando un salto internacional que en principio nadie imagino para una Rondalla de pueblo. 
Desde el año 2002 la Rondalla y Coro pasan a formar parte de la Escuela Municipal de Música, que a su vez es inscrita en el Registro de Escuelas de Música y Danza de la Comunidad de Madrid. En 2010 graban su segundo disco con 22 canciones, de todos los géneros y magistralmente interpretadas. Como las más destacadas: Ópera Flamenca, Célebre habanera, María la Portuguesa, El Cambullonero, La vida es bella, El bailes de Luis Alonso, Sinfonía nº 40 oel Chotis de Madrid. También este año cambian de uniforme; Se pasan al negro total (sin corbata) con el escudo en el lado derecho de la camisa. El Coro ponen la nota de color con un fular rojo ellas y corbata roja ellos. 
Y cuando me estaba rondando por la cabeza la idea de volver, van los  profesores y anuncian a principios de 2018 que se jubilan. Al instante me di cuenta de la cantidad de años que han pasado. Nunca  pensé que los profesores se iban a jubilar y que iban a estar ahí para cuando decidiese volver (egoísta de mi). Tras 36 años al frente de la agrupación musical son muchos los lazos de amistad que han surgido. Y lo hacen de la convivencia  en los viajes, en las actuaciones, de los ensayos, pero sobre todo surgen de la ilusión y el cariño que siempre han trasmitido a sus alumnos José María y Pablo en el ejercicio de su profesión. Su dedicación total, más allá de la remuneración económica, robando muchísimas horas a sus familias, adaptado sus horarios a las necesidades de sus miembros, etc… Por eso creo que los vecinos de Paracuellos les debemos mucho. Sin ellos esta Rondalla y Coro no habría obtenido las cotas de calidad que ha tenido. 

Y ese reconocimiento lo tuvieron el pasado  22 de junio cuando se celebró un concierto en el Centro Cultural. Concierto que fue el día elegido para dar la sorpresa a los profesores y convertirlo en su merecido homenaje. Allí estuvieron muchos de los antiguos alumnos. El señor Alcalde Don Javier Cuesta les dio las gracias y les obsequio con sendas esculturas realizadas por el escultor local D Cándido Monge. También sus alumnos les obsequiaron con algunos regalos. Para terminar, hubo un ágape cortesía del Ayuntamiento, donde se  pudieron despedir con un hasta luego, porque se jubilan pero la amistad no.
Por eso, para mí y para otros, no nos parece descabellado nombrar algún edifico o calle con su nombre, se lo merecen. Tampoco hay que esperar a que Dios los llame a su seno para que se produzca el hecho. Las instituciones municipales deben fomentar que a las personas u organismos benefactoras del bien común y que hacen más grande a este pueblo, obtengan esta consideración. Pero mientras llega o no llega este reconocimiento, desde estas líneas os quiero dar las gracias por la excelente formación musical recibida, por la disciplina aprendida, por la paciencia infinita que habéis tenido,  en definitiva, por haberme hecho mejor persona. Pero sobre todo, por vuestro cariño y amistad.  
El Zocato.

Bibliografía:
NÁJERA MARTÍNEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. : Historias de Paracuellos de Jarama. (2016)









jueves, 3 de mayo de 2018

La gran figura del torero de Paracuellos: PAQUITO MUÑOZ


Con la mentalidad de ciudadanos del S. XXI donde la tauromaquia ciertamente pierde adeptos y está cada vez más denostada, puede parecernos que un torero no sea un ejemplo o espejo donde mirarnos, incluso que los más anti taurinos, que cada vez son más numerosos, consideren a los toreros poco menos que salvajes matadores de animales indefensos, nada dignos. Esta es la  interpretación de la realidad social que vivimos en torno a la llamada Fiesta Nacional hoy en día. Sin embargo, hubo un tiempo en que ser torero estaba considerado socialmente como una virtud. El sueño de la mayoría de los jóvenes españoles era convertirse en figura del fútbol o del toreo, ser famoso y ganar mucho dinero. En todas las plazas de los pueblos se jugaba a los toros con muletas y espadas improvisadas. Era común ver a novilleros  saltándose las dehesas donde pacían tranquilamente las vacas y toros para darle algunas muletadas o espontáneos en las plazas de toros que intentaban que algún  apoderado les viese. Por desgracia para ellos, la mayoría nunca consiguieron llegar siquiera a torear alguna novillada. Pero un chaval de Paracuellos sí consiguió hacer realidad su sueño, y no sólo llegar a ser torero, sino una figura de renombre mundial:Paquito Muñoz.
D. Francisco Muñoz Herreros nació en Paracuellos de Jarama el 2 de septiembre de 1928. A los 12 años de edad mató su primer becerro en un festival celebrado en su villa natal, siendo acompañado por Pablo Lalanda y Lalanda, con el que más tarde, siendo ya ambos figuras del toreo, formó pareja durante muchas temporadas gloriosas. Fue tanta la desenvoltura que exhibió aquel mozuelo en aquella becerrada, que esa tarde marcó para siempre su vida posterior. En el mundo de los toros fue conocido por el sobrenombre del torero de la sonrisa perenne. Torero todo simpatía, sonriente, de trato agradable, que siempre alternó con las figuras, puesto que él lo era, con un cartel que muchos toreros envidiaban. Como novillero se vistió de luces por primera vez el 21 de marzo de 1943 en Villafranca de los Barros, pero no haría su presentación en Las Ventas hasta tres años más tarde, el 12 de octubre de 1946, alternando con Manuel Navarro y Chatito Mora con toros de Castillo Higurea. Tomó la alternativa en las arenas del coso valenciano, donde lidió y dio muerte a estoque al toro Trianero, del Hierro de Sánchez Fabrés, cedido por su padrino, Manuel Álvarez Pruaño El Andaluz, en presencia del diestro peruano Raúl Acha Sanz Rovira. Dicha ceremonia se verificó el 23 de julio de 1947. Su carrera taurina fue corta pero intensa, toreando 39 corridas el años 1947; 83 en 1948; 62 en 1949; 50 en 1950 y 25 en 1951. 
Como todas las  grandes figuras del torero también tuvo su pasodoble. En 1948 D. Felipe López Delgado escribió el pasodoble titulado: Paquito Muñoz (qué por cierto está colgado en Youtube para quien lo quiera escuchar). Ese año tuvo que ser uno de los mejores del torero, consagrado en el oficio taurino: decía el periódico la Vanguardia respecto a su corrida en el mes de abril: A las siete de la lluviosa tarde del domingo, e izado como airón glorioso sobre un triar de cabezas, llevaba la multitud en triunfo, Avenida de José Antonio arriba, un muñequito vestido de seda y oro. Era un mocete nacido en Paracuellos de Jarama, partido judicial de la ilustre Cómpluto, que toreaba su primera corrida en España tras una ininterrumpida cadena de éxitos a lo largo de diversas capitales americanas, éxitos que cautivaron en el coso de Lima, donde el arte del chaval alcanzara plenitudes de verdadero «suceso». Paquito Muñoz se llama ese artista, que en la fecha mentada hizo su reaparición en la Monumental — casi llena de público pese al mal estado del tiempo—, montera en mano, en saludo cortés a la inteligente «afición» ante la que iba a actuar. 
Y con tanta afición al mundo del toro, no es de extrañar que se crearan peñas taurinas de Paquito Muñoz fuera de las fronteras de Paracuellos. Así, por ejemplo, se conserva en el archivo municipal una carta enviada el 11 de noviembre de 1948 por D. Jesús Pérez Ortiz presidente del Club taurino Paco Muñoz de Zaragoza agradeciendo al alcalde de Paracuellos su hospitalidad por las inmensas atenciones recibidas en esa localidad con motivo de introducir en ella una imagen de Nuestra Señora del Pilar el pasado mes de octubre, imagen por cierto que aún se conserva en la iglesia. Meses antes, había triunfado junto a Luis Miguel Dominguín en la segunda feria de san Isidro de la historia. Paquito Muñoz salió por la puerta grande de la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid en el año 1952. Ese mismo año, tras unos años de trayectoria irregular jalonada por menos éxitos de los que hubieran sido deseables, unido al hecho de haber recibido una cornada en Barcelona, se cortó la coleta. El 21 de enero de 1953 se casó en la iglesia de la Concepción de Madrid con Margarita Severino, hermana del ganadero salmantino Higinio Luis Severino. 
Una de las anécdotas que nos contó el hijo del chófer de Paquito Muñoz, D. Felipe Velázquez, seguramente ha pasado desapercibida entre los estudiosos del mundo de los toros. Sucedió el 28 de agosto de 1947 cuando se celebraba la Feria de san Agustín de Linares y resultó mortalmente herido el diestro Manolete. Mientras era atendido en el hospital de los marqueses de Linares, parte de su cuadrilla partió hacia Madrid en su coche, un Buick azul de fabricación americana que era el asombro de cuantos lo veían, en busca de los doctores Jiménez Guinea y Garrido, médicos titulares de la plaza de las Ventas. En mitad del trayecto se cruzaron con la cuadrilla de Paquito Muñoz que se dirigía también a Linares porque al día siguiente toreaba en la misma feria. Tras un breve saludo en mitad de aquellas estrechas y solitarias carreteras, y al contarle lo que había sucedido a Manolete y el objeto de aquel viaje, Paquito Muñoz no se lo pensó dos veces y decidió bajar sus bártulos de torear, a su cuadrilla y resto de maletas, y cederles su coche, un Hispano Suiza más moderno y potente que el de Manolete. Probablemente aquel gesto del torero de Paracuellos sirvió para que los médicos llegasen antes a Linares, pero por desgracia no sirvió para salvarle la vida, una de las bolsas de sangre que recibió estaba contaminada, provocándole la muerte.
Pero como les sucede a muchos toreros, reapareció después de 10 años sin torear en la arena de la Plaza de Toros de Barcelona el 24 de junio de 1962. A pesar de que durante la temporada de su retorno a los ruedos apenas pudo firmar ocho contratos. Su última corrida fue el 14 de octubre de 1962,  y le sirvió para ceder la alternativa en la Real Maestranza de Sevilla al joven diestro Manuel García Palmeño. Tras este fallido intento de reaparición, se retiró definitivamente apartándose del mundo de los toros y fijando su residencia en Toledo. 
Paquito Muñoz nos dejó también muy joven, a la edad de 49 años. Su trágica muerte sigue siendo hoy en día unos de los misterios más apasionantes que envuelven la fiesta de los toros. Una mañana fría y nublada del 12 de noviembre de 1977, en los peñascales que salva el puente toledano de San Martín, en pleno río Tajo, apareció el cadáver totalmente destrozado de un hombre, de aspecto todavía joven, con las señales inequívocas de tratarse de un suicidio. Cuando las fuerzas de seguridad llegaron al lugar, encontraron en el pretil del puente una cartera con los documentos que correspondían a D. Francisco Muñoz Herrero natural de Paracuellos de Jarama. Junto a la cartera apareció una carta escrita a mano que decía: Perdonadme. Llamad a las autoridades en las que hablaba de las causas del suicidio. Cuentan los noticiarios de la época que había llegado a Toledo unos días antes, según manifestaron algunos de sus familiares, y que últimamente padecía frecuentes desvanecimientos y no comía. En los últimos días había perdido de seis a siete kilos de peso. En Toledo se le vio varias veces en un coche Renault-8 anaranjado, de matrícula de Navarra dentro del cual durmió durante las dos noches que pasó en Toledo. 
Lo que aconteció después queda relegado al terreno de la especulación y del misterio más absoluto. Pese a ser una historia que carece de rigor histórico, entendemos que tiene los suficientes argumentos e interés para los vecinos de Paracuellos como para reproducir en estas líneas lo que se cree que ocurrió. El cadáver de Paquito Muñoz estaba prácticamente irreconocible, razón por la cual los familiares optaron por enterrarlo a la mayor brevedad posible, aunque exponiendo ciertas reservas, principalmente porque las piernas del difunto no presentaban las cicatrices que daban fe de las varias cornadas que sufrió el torero en su actividad y porque Paquito Muñoz conservaba intacta su dentadura y aquel muerto carecía de ella. Al día siguiente la prensa se hizo eco de la triste noticia del torero de Paracuellos. Todos los rotativos hicieron semblanzas de su biografía y del triste final que conmocionó a las gentes del toro. Poco tiempo después empezó a circular el rumor de que se encontraba en Méjico, rumor avalado por algunas personas que creyeron reconocerlo. Una de las hipótesis más extendidas es que fue ayudado por un famoso cómico azteca, muy amigo suyo, para fingir un suicidio y desaparecer de la escena nacional, ya que se encontraba con graves problemas familiares y económicos. Que el muerto era un mendigo portugués y que la tarde antes del suicidio se dejó ver por la zona a bordo de un Renault 8 color naranja que dejó abandonado a la mañana siguiente. Ayudado por el famoso cómico mejicano se sometió a una cirugía plástica y tomó una nueva identidad haciéndose llamar Oswaldo Ramos y que en la actualidad aún reside en el país azteca alejado de su anterior vida… 
Los recuerdos visibles en la actualidad de esta figura del toreo  son su casa, convertida hoy en Hostal-Mesón Paracuellosen la calle Real, y la calle de Paquito Muñoz.

El Zocato y el Zoquete

Bibliografía:
NÁJERA MARTÍNEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. : Historias de Paracuellos de Jarama. (2016)

domingo, 4 de marzo de 2018

Picón del Cura.



Como ya sabemos, la denominación de los sitios o lugares suele esconder un porqué, una historia que por desgracia, se pierde en la noche de los tiempos. Así por ejemplo descubrimos que, gracias a unas canalizaciones eléctricas,  el Cerro de Valdemahoma esconde un asentamiento musulmán de la Alta Edad Media. O que las Eras de Chambery, que hoy están edificadas y sólo se conserva una calle con ese nombre, se debe a un asentamiento estable del Cuerpo de Dragones de la caballería francesa durante la Guerra de Independencia, como hemos podido averiguar recientemente gracias a un libro editado en Francia. Sin embargo hay un sitio en Paracuellos, probablemente el más popular, que todos los vecinos conocen y por el que se conoce a este pueblo allende nuestras fronteras, que se llama El Picón del Cura (un bonito nombre que sin embargo nuestros políticos municipales se empeñan en cambiar por el del “Balcón de Madrid” más vendible para el turismo que nos visita) y que se nos resiste. Nadie, ni los más viejos del lugar, son capaces de decirnos el porqué de este original nombre. 



Pero como el mundo es una sucesión de casualidades, hace unos pocos de días volvimos a retomar la pregunta. Y para nuestra sorpresa, uno de nuestros amigos sabía algo; por lo visto un tío suyo le contó hace muchos años una historia de un cura que era torero y que el obispo al enterarse le excomulgó. Y por ello pasaba largos ratos en ese pico, que por aquel entonces estaba lo suficientemente alejado del núcleo urbano, para reflexionar o lamentarse de su mala suerte. Enseguida se nos encendió la luz y enlazamos esta historia oral con la recogida en 1860 por el autor costumbrista D. Antonio de Trueba, que está incluida en el libro de Historias de Paracuellos.

El escritor D. Antonio María de Trueba y de la Quintana nació en la localidad vizcaína de Galdames el 24 de diciembre de 1819. Era hijo de campesinos muy pobres, su vocación literaria se despertó con los romances de ciego que le traía su padre cuando venía de visitar una feria. Tuvo que abandonar pronto la escuela para trabajar la tierra y el mineral de las minas de Las Encartaciones, su lugar natal. Cuando contaba quince años (1834) marchó a Madrid para evitar la primera Guerra Carlista; allí se empleó en la ferretería de un tío suyo y robó tiempo al sueño instruyéndose de forma autodidacta y leyendo autores románticos españoles.

En 1845 consiguió un puesto burocrático en el Ayuntamiento de Madrid y con ello logra más tiempo libre para consagrarse a la literatura. A partir de entonces, se dedicó a escribir y publicar libros. Uno de ellos titulado: “Cuentos campesinos “en 1860 en el que se dedicó a visitar los pueblos de los alrededores de Madrid para  recopilar historias, hechos, anécdotas, chascarrillos  que circulaban de tradición oral.  Como él mismo autor reconoce, de estas historias populares sacaba una historia en el que inventaba situaciones, personajes y diálogos para darle cuerpo y siempre con un final feliz y una moraleja. Por tanto, estamos ante  lo que en la actualidad sería una película “basada en hechos reales”.

La historia que recogió de nuestro pueblo está incluida en un capítulo bajo el nombre de: “El Cura de Paracuellos”. Es la historia de un chiquillo pobre que se llamaba Pepillo que se dedicaba a pastorear pero que siempre lo hacía con libros en la mano. Sin embargo lo que más le gustaba era torear:
“Tal afición fue tomando Pepillo al toreo, que dedicaba a él todos sus ratos de ocio, y, como su amo se lo permitiese, no perdía una corrida de novillos de las que se celebraban en los pueblos cercanos de Barajas, Ajalvir, Cobeña, Algete y otros, donde hacía prodigios con su destreza táurica”

 Un “Grande de España” los veía todos los días leyendo y se acercó para preguntarle si quería estudiar pues estaba dispuesto a pagarle los estudios. Pepillo le dijo que sí pero como quería tanto a su pueblo y no quería separase de él, decidió estudiar para cura y así poder ser el cura de su pueblo. Y después de algunos años consiguió su propósito. Sin embargo, ahora ya como Don José, su afición a los toros la siguió cultivando:

“El pueblo paracuellano veía por sus ojos, porque además de todas estas buenas cualidades, tenía otra que le enamoraba, y era la afición del señor cura al toreo y su pericia en capear, picar y poner un par de banderillas con el mayor salero al toro más bravo. Ya se sabía: todos los días, después de cumplir con los deberes de su sagrado ministerio, el señor D. José había de bajar a las praderas del Jarama a entretenerse un poquito capeando o poniendo un par de varas al toro de más empuje y bravura de cuantos allí pastaban”

Pero en una visita del señor Cardenal Arzobispo de la Diócesis, este se enteró de la afición que tenía y decidió “retirar la licencia para ejercer el misterio sacerdotal”; “Todo el pueblo se llenó de pena, y no se oían más que lloriqueos en las casas y en las Calles”.

El final feliz sucede cuando el señor Cardenal Arzobispo, que en días sucesivos había estado visitando los pueblos de la comarca, se dispone a abandonar el pueblo cuando uno de los toros de la Muñoza se arranca a embestirlo, pero  gracias a la pericia del cura de Paracuellos que lo acompaña, consigue con la capa del cardenal, librarlo de una trágica embestida.  EL Cardenal, en agradecimiento,  perdona al Cura pero con la promesa de que no volverá a torear.

Pero yendo a la raíz de la historia, el dato que nos ha de quedar del cuento de “El Cura de Paracuellos” es que sin lugar a dudas, no sabemos aún cuando ni en qué época (aunque sería interesante averiguarlo), en Paracuellos hubo un cura al que le gustaba torear. Y no sólo en su pueblo, sino en todas las ferias taurinas de la Comarca. Hecho que debió ser conocido por las autoridades eclesiásticas, lo que provocó su excomunión o al menos una amenaza de ello. Y eso provocó que se dedicara a reflexionar sobre todo esto dando lagos paseos por las cornisas y barrancos, sobre todo en un cerro que pasó a denominarse El Picón del Cura.


Sin embargo, A pesar de todo lo expuesto, debemos reconocer la fragilidad de este argumento pues no hay en las 15 páginas del cuento, una sola mención a este hecho. Por otro lado, tampoco el autor que visitó someramente nuestro pueblo, tiene por qué saber todos los detalles de esta historia y simplemente la ignoró. En cualquier caso, seguiremos abiertos a cualquier versión que los vecinos den.

El zocato.


Bibliografía:


- NÁJERA MARTÍNEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. : Historias de Paracuellos de Jarama. (2016)

- ANTONIO DE TRUEBA: Cuentos Campesinos (1860)