lunes, 23 de julio de 2018

Enfermedades comunes en el siglo XIX

Cuando emprendimos el camino para  descubrir la olvidada historia de Paracuellos, nunca pensamos en llegar tan lejos. No estábamos seguros si quiera que las historias  tuvieran algún interés para los vecinos. Pero por suerte, a  medida que pasaban los años y avanzábamos en la lectura y compresión de cientos de documentos, vimos que daba para hacer un interesante y extenso libro de historia que vio la luz en el año 2017. Y donde se contaban historias completas pero también historias parciales, en función de la información que hemos podido recabar. También nos aventuramos a hacer hipótesis sobre algunos temas porque disponemos de indicios pero ningún documento que abalase nuestros argumentos, por eso lo dejamos simplemente en hipótesis más probables. 

Una de ellas era el topónimo “eras de Chamberí”  que hacía referencia a un territorio que abarca desde el parque del Chusquillo(calle Ronda de la Fuente) todo el lateral derecho hacia el barranco y llega hasta el colegio público Virgen de la Ribera. Aunque hoy están completamente edificadas y sólo se conserva una calle con el nombre. Estábamos seguros de que al igual que el barrio madrileño de Chamberí donde está probado que se asentó un destacamento francés de la región de Chambery durante la ocupación de Madrid por las tropas de Napoleón durante la llamada Guerra de la Independencia, nuestras eras de Chamberítenían que ser de origen francés, bien por un vecino galo con ese apellido, o bien por la ocupación total o parcial en alguna guerra o época. Nos aventuramos a pensar, como la hipótesis más probable, que fuera durante la guerra contra el invasor francés porque sabíamos de la existencia de destacamentos en los alrededores de Madrid cuyo objetivo era el control de las rutas y caminos, vitales para el suministro de sus tropas. Y así lo pusimos en el libro. Pero cuando ya estaba listo para su impresión, encontramos un libro editado sólo en Francia que hablaba de la posición de destacamentos franceses en algunos pueblos, entre ellos Paracuellos. Además no esteramos que era del Cuerpo de Dragones de su caballería. Dato que incluimos en el libro “a calzador” y sin modificar su maquetación en un par de renglones. Nos quedamos enteramente satisfechos porque se demostraba que ahí había estado nada más y nada menos un destacamento el tiempo suficiente para que los vecinos pasasen a denominar aquel sitio con ese nombre y que perdurase hasta nuestros días. 
Así hasta que hace unos días, que buscando (en realidad nuca hemos dejado de hacerlo) apareció ante nuestros ojos un sorprendente documento, fechado el 11 de agosto de 1811, que habla sobre la solicitud que hace un Comandante francés llamado Bremont, a las autoridades municipales para que elaboren un listado con todas las enfermedades que padecen o han padecido los vecinos, debido a que parte de sus tropas acampadas en la localidad han contraído enfermedades. Sabemos que la preocupación de lo mandos militares por las enfermedades de sus tropas siempre han sido en todas las guerras un verdadero problema, hasta el punto que en la mayoría de ellas causan más bajas que la propia guerra. Por eso, este comandante que se encuentra hospedado en la posada de la villa, decide tomar cartas en el asunto y manda al  alcalde una carta con esta cometido. Lo que quedó reflejado, nos ilustra sobre dos cosas, una: que afectivamente, hubo tal destacamento y que su comandante se preocupó mucho por el contagio de sus soldados. Y dos: nos enteramos de paso de las enfermedades que padecían los vecinos,  sus remedios, que encontramos de lo más curioso y  que damos cuenta a continuación…

El estudio que manejamos resume lo que padecen los malsobaqueños durante los 15 años anteriores a 1811, escrito por el Cirujano de la Villa de Paracuellos D. Julián de Ávila. Son varias las enfermedades más comunes y los remedios aplicados para tratar, y la solución para paliar estas. 
La primera que encontramos es el la fiebre intermitente, que lo achaca al agua pantanos y putrefacta, que al respirarla temprano por la mañana, la putrefacción entra en ellos y les produce las fiebres. Su tratamiento con quina, les remite tal malestar. Estamos claramente ante casos de Malaria o Paludismo, que se palia con el tratamiento con quina, sales neutras y carbonantes, que en ese momento se le llamaban fiebres terciarias, sin saber que el causante de la enfermedad era un parásito del genero Plasmodium. La primera vez que se identificó el protozoo causante de la enfermedad fue en el año 1880, nada más y nada menos que 70 años después del escrito que nos traemos entre manos.
Sigue el documento con el cólico y paracólico, que lo achaca directamente a la mala costumbre paracuellense de desayunar Pepinos y Queso, y luego llenar el estomago con abundante agua. En este caso un tratamiento con: éter vitrioso y una infusión de opiáceos, eso si, acorde con el tamaño del individuo a tratar. En este caso lo recomendado es cambiar el beber tanta agua por aguardiente o vino.
Están también descritos varios procesos catarrales y fiebres, especialmente en otoño. Estos procesos lo achaca a la situación geográfica del municipio, el cual goza de una altura superior, rodeado de barrancos y arroyos. El tratamiento es a base de humedecer mucho al enfermo, que parece que les va bien a los vecinos para esta dolencia.
Por último aparece la Viruela, enfermedad infecciosa muy grabe que ha sido erradicada del planeta en 1977, gracias a las campañas de vacunación de los últimos dos siglos. En 1796 el inglés Edward Jenner se da cuenta , que las personas que estaban en contacto con las vacas estaban protegidas de viruela de forma natural. Realiza entonces un experimento, raspa en un brazo de un niño de ocho años con el material extraído de las pústulas de viruela de vaca, consiguiendo la inmunidad del chico. Comienza así la era de la vacunación. Vemos en el documento que traemos entre manos, que en Paracuellos, el Dr. Julián de Ávila, comenta que ese 1811 hay una epidemia de viruela, en el  que veinte niños no vacunados con la linfa, son atacados por la enfermedad de forma brutal. Entonces a partir de una póstula de su hija, de brazo a brazo, comienza una vacunación que salva de la catástrofe a setenta niños. Es la primera vacunación documentada en nuestro municipio, y tan solo quince años después de su descubrimiento. 

El Zocato y el Zoquete.
Bibliografía:
-  VV.AA. (1811): Sobre las enfermedades que más comúnmente reinan en la villa de Paracuellos de Jarama.

miércoles, 4 de julio de 2018

36 AÑOS DE RONDALLA MUNICIPAL


Una de las mejores cosas que puede hacer un ser humano a lo largo de su vida, es aprender a tocar un instrumento musical. Como dice la expresión popular: “la música amansa a las fieras” pero también abre la mente y la prepara para, en adelante, disfrutar del gusto por el arte en todas sus manifestaciones. Eso debió de pensar nuestro primer alcalde democrático, D. Ricardo Aresté cuando en 1982 decidió contratar a dos profesores de música y uno para modelado con arcilla para llenar de actividades culturales las tardes extraescolares de los más jóvenes del municipio. Vaya por delante que ya existía una larga tradición en Paracuellos por los instrumentos de pulso y púa. Una agrupación que venía tocado “de oído” * desde al menos 1943 cuando D. Evelio Saldaña la formó para tocar sobre todo en el día de los Quintos o en bodas, comuniones y bautizos. Esta Rondalla mantuvo cierta regularidad a lo largo de los años, no mostrando mayor interés en salir de las fronteras de Paracuellos. (*Para los menos doctos en el argot musical, “de oído” significa aprender a tocar sin partitura. Bien porque no se tiene o bien porque no se sabe y se ha aprendido de memoria.)

Seguramente por esta circunstancia, la contratación de dos profesores de música para aprender solfeo, guitarra, bandurria y laúd obedece a este interés previo de los vecinos. También para ser justo, debemos reconocer la labor de enseñanza de un profesor de EGB llamado Don Nés, (¿de Néstor?) que enseñaba  guitarra después de las clases y que mantuvo viva la llama de la música dos o tres años antes. 
De las clases de modelado con arcilla no puedo comentar mucho. Sólo diré que mi ilusión inicial  se desvaneció enseguida porque no era capaz de plasmar con mis manos lo que mi mente imaginaba y la mayor parte de las veces la arcilla  acababa seca y echa un churro, en la basura. Un desastre que me causaba grandes decepciones y que hizo que desistiese pronto. Sólo sé que la actividad duró unos cuantos años y que finalmente desapareció, no sabemos si por falta de alumnos, o falta de profesor. 
De lo que sí puedo dar cuenta es de mis 20 años en una Rondalla y Coro Municipal  que este año cumple 36 años de actividad ininterrumpida. Y lo hace con la pena enorme de la jubilación de sus profesores, pero también con la alegría que supone haber estado todos estos años compartiendo momentos inolvidables que han quedado en la retina de todos los que han tenido la suerte de pertenecer a esta agrupación. Los artífices de todo esto son estos dos profesores D. Pablo Luis Pérez Palomero y D. José María Sánchez Morales. Su entusiasmo, disciplina y conocimientos se trasladaron a unos jóvenes alumnos que en pocos años consiguieron una formación musical sin precedentes en el municipio y con ello una rondalla muy admirada y valorada y que se ha convertido,  dicho sea de paso y por derecho propio, en el orgullo de ParacuellosAllen de nuestras fronteras.  Ni más ni menos…
Yo empecé  1983 con apenas 11 años, sin saber muy bien qué era aquello, pero decidido e ilusionado por apuntarme a Música. Recuerdo a mi madre hablando con un joven profesor y acto seguido disponer de unos libros de solfeo y de teoría de la música que me acompañaron muchos años. Todavía hoy recuerdo la definición que hacía de la música: “Que es el arte que se expresa combinando el sonido y el ritmo” y la de solfear: “que es medir y entonar lo que expresa la escritura musical”. Lo duro que era solfear cantando y midiendo lo que el pentagrama dictaba. Las lecciones, que eran más difíciles a medida que se avanzaba, hasta el punto de aprenderme de memoria alguna de ellas: “doooo, dosidoremi, redosidoresisol, laaaa…”etc, etc. que había que cantar delante del profesor José María. Y los dictados con un pentagrama en blanco que había que completar con las notas que el profesor tocaba en el piano…
Unos meses más tarde, cuando ya se tenía cierta habilidad con el solfeo, iba a la clase del otro profesor Pablo para aprender a tocar un instrumento. A mí me tocó aprender el Laúd porque fue el profesor, viendo las necesidades de la Rondalla, el que determino qué instrumento debía comprar mis padres. Además tenía el hándicap de que era zurdo y por no cambiar todas las cuerdas y estropear la estética línea de mástiles en una misma dirección, tuve que aprender de esa manera, con el consiguiente esfuerzo extra. Pero no me importó. Estaba decidió a aprender a tocar y el esfuerzo de cientos de horas mereció la pena. Hasta en los viajes de ocho horas a la playa en el Seat 124 de mi padre daba serenatas  a toda la familia con el laúd. Más de una vez estuvo a punto de salir volando por la ventanilla del coche, pero había que hacer callo en los dedos…
La primera actuación llegó al poco de entrar en la Rondalla. Y lo hice en el Coro de niños que formábamos la clase de solfeo. Fue en las fiestas de Paracuellos de 1984 en el escenario que se pone en la plaza. Y las canciones de lo más sencillas y a una sola voz: La Aurora, La Sirenita…el traje pantalón azul marino, camisa blanca y un ridículo lazo azul (que más adelante fue cambiado acertadamente por una corbata).
Mi segunda actuación, unos meses después y ya tocando el laúd, fue en las pistas de tenis del Club de los Berrocales con motivo de sus fiestas. Una actuación que recuerdo con el apuro de no saber tocar muy bien y al Aguacil de Paracuellos detrás de las partituras que salían volando de los atriles debido al viento racheado. Las canciones también muy sencillas: Sebastopol, Carrascosa, EL Mundial 82
Poco a poco, a base de ensayos todos  los lunes, miércoles y viernes, fuimos viendo cómo los dedos se hacían más ágiles, las canciones más complejas. De las primeras salidas fuera del municipio recuerdo como la más entrañable la que hacíamos todos los años a El Espinar (Segovia) el pueblo del profesor Pablo. Era un día de fiestas pues íbamos acompañados de los padres, hacíamos un día de comida campestre y luego a la tarde nos vestíamos y actuábamos en diversos sitios: centro cultural, teatro, iglesia…pero también visitamos multitud de pueblos y ciudades que mi mente no es capaz de recordar. Aunque las más importantes: Madrid, Alcobendas, Pinto, Aranjuez, Alcalá de Henares, San Rafael…todas ellas llenas de aplausos y reconocimiento por la calidad de las interpretaciones. 
Otro salto de calidad llegó en 1990 cuando se creó el coro de adultos que permitió ampliar notablemente el repertorio y los estilos musicales. La conquista de multitud de premios y galardones, como el primer puesto en el Certamen de Rondallas de Madrid-Castilla la Mancha en 1995 y la grabación en 1996 del primer disco con una recopilación de las mejores canciones así lo certifican. En esta grabación, ya se incluían pasodobles como Pepita Greus, habaneras como Torrevieja, zarzuelas como Gigantes y cabezudos,música clásica como La música nocturna de Madrid.Pero la mejor de todas o la más recordada, es la canción de  Paracuellos compuesta por D. Antonio Melero con  música de D. Pablo Luis Pérez, que se ha convertido, por derecho propio, en el himno de todos. Y se suele tocar siempre que la Rondalla y Coro actúa en nuestro municipio. 

De la última etapa no puedo hablar mucho. Las obligaciones familiares me hicieron dejar en 2003 esta agrupación con pena pero con el deseo de volver en cuanto me fuera posible. Pero entre tanto, mientras yo criaba churumbeles, la Rondalla y Coro dieron otro salto de calidad y cantidad. EL Coro se amplía con los nuevos vecinos y la parte instrumental también experimenta un cambio generacional aunque manteniendo una buena base. De esta época destaca la cantidad de encuentros con otras Rondallas y agrupaciones lo que permite ampliar el horizonte de los viajes. Que yo sepa: Valladolid, Valencia, Cabra (Córdoba), Motril (Granada), Astudillo (Palencia) etc…llegando a tocar en 2012 en Irlanda donde actuaron en el Festival Internacional de Cavan, dando un salto internacional que en principio nadie imagino para una Rondalla de pueblo. 
Desde el año 2002 la Rondalla y Coro pasan a formar parte de la Escuela Municipal de Música, que a su vez es inscrita en el Registro de Escuelas de Música y Danza de la Comunidad de Madrid. En 2010 graban su segundo disco con 22 canciones, de todos los géneros y magistralmente interpretadas. Como las más destacadas: Ópera Flamenca, Célebre habanera, María la Portuguesa, El Cambullonero, La vida es bella, El bailes de Luis Alonso, Sinfonía nº 40 oel Chotis de Madrid. También este año cambian de uniforme; Se pasan al negro total (sin corbata) con el escudo en el lado derecho de la camisa. El Coro ponen la nota de color con un fular rojo ellas y corbata roja ellos. 
Y cuando me estaba rondando por la cabeza la idea de volver, van los  profesores y anuncian a principios de 2018 que se jubilan. Al instante me di cuenta de la cantidad de años que han pasado. Nunca  pensé que los profesores se iban a jubilar y que iban a estar ahí para cuando decidiese volver (egoísta de mi). Tras 36 años al frente de la agrupación musical son muchos los lazos de amistad que han surgido. Y lo hacen de la convivencia  en los viajes, en las actuaciones, de los ensayos, pero sobre todo surgen de la ilusión y el cariño que siempre han trasmitido a sus alumnos José María y Pablo en el ejercicio de su profesión. Su dedicación total, más allá de la remuneración económica, robando muchísimas horas a sus familias, adaptado sus horarios a las necesidades de sus miembros, etc… Por eso creo que los vecinos de Paracuellos les debemos mucho. Sin ellos esta Rondalla y Coro no habría obtenido las cotas de calidad que ha tenido. 

Y ese reconocimiento lo tuvieron el pasado  22 de junio cuando se celebró un concierto en el Centro Cultural. Concierto que fue el día elegido para dar la sorpresa a los profesores y convertirlo en su merecido homenaje. Allí estuvieron muchos de los antiguos alumnos. El señor Alcalde Don Javier Cuesta les dio las gracias y les obsequio con sendas esculturas realizadas por el escultor local D Cándido Monge. También sus alumnos les obsequiaron con algunos regalos. Para terminar, hubo un ágape cortesía del Ayuntamiento, donde se  pudieron despedir con un hasta luego, porque se jubilan pero la amistad no.
Por eso, para mí y para otros, no nos parece descabellado nombrar algún edifico o calle con su nombre, se lo merecen. Tampoco hay que esperar a que Dios los llame a su seno para que se produzca el hecho. Las instituciones municipales deben fomentar que a las personas u organismos benefactoras del bien común y que hacen más grande a este pueblo, obtengan esta consideración. Pero mientras llega o no llega este reconocimiento, desde estas líneas os quiero dar las gracias por la excelente formación musical recibida, por la disciplina aprendida, por la paciencia infinita que habéis tenido,  en definitiva, por haberme hecho mejor persona. Pero sobre todo, por vuestro cariño y amistad.  
El Zocato.

Bibliografía:
NÁJERA MARTÍNEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. : Historias de Paracuellos de Jarama. (2016)









jueves, 3 de mayo de 2018

La gran figura del torero de Paracuellos: PAQUITO MUÑOZ


Con la mentalidad de ciudadanos del S. XXI donde la tauromaquia ciertamente pierde adeptos y está cada vez más denostada, puede parecernos que un torero no sea un ejemplo o espejo donde mirarnos, incluso que los más anti taurinos, que cada vez son más numerosos, consideren a los toreros poco menos que salvajes matadores de animales indefensos, nada dignos. Esta es la  interpretación de la realidad social que vivimos en torno a la llamada Fiesta Nacional hoy en día. Sin embargo, hubo un tiempo en que ser torero estaba considerado socialmente como una virtud. El sueño de la mayoría de los jóvenes españoles era convertirse en figura del fútbol o del toreo, ser famoso y ganar mucho dinero. En todas las plazas de los pueblos se jugaba a los toros con muletas y espadas improvisadas. Era común ver a novilleros  saltándose las dehesas donde pacían tranquilamente las vacas y toros para darle algunas muletadas o espontáneos en las plazas de toros que intentaban que algún  apoderado les viese. Por desgracia para ellos, la mayoría nunca consiguieron llegar siquiera a torear alguna novillada. Pero un chaval de Paracuellos sí consiguió hacer realidad su sueño, y no sólo llegar a ser torero, sino una figura de renombre mundial:Paquito Muñoz.
D. Francisco Muñoz Herreros nació en Paracuellos de Jarama el 2 de septiembre de 1928. A los 12 años de edad mató su primer becerro en un festival celebrado en su villa natal, siendo acompañado por Pablo Lalanda y Lalanda, con el que más tarde, siendo ya ambos figuras del toreo, formó pareja durante muchas temporadas gloriosas. Fue tanta la desenvoltura que exhibió aquel mozuelo en aquella becerrada, que esa tarde marcó para siempre su vida posterior. En el mundo de los toros fue conocido por el sobrenombre del torero de la sonrisa perenne. Torero todo simpatía, sonriente, de trato agradable, que siempre alternó con las figuras, puesto que él lo era, con un cartel que muchos toreros envidiaban. Como novillero se vistió de luces por primera vez el 21 de marzo de 1943 en Villafranca de los Barros, pero no haría su presentación en Las Ventas hasta tres años más tarde, el 12 de octubre de 1946, alternando con Manuel Navarro y Chatito Mora con toros de Castillo Higurea. Tomó la alternativa en las arenas del coso valenciano, donde lidió y dio muerte a estoque al toro Trianero, del Hierro de Sánchez Fabrés, cedido por su padrino, Manuel Álvarez Pruaño El Andaluz, en presencia del diestro peruano Raúl Acha Sanz Rovira. Dicha ceremonia se verificó el 23 de julio de 1947. Su carrera taurina fue corta pero intensa, toreando 39 corridas el años 1947; 83 en 1948; 62 en 1949; 50 en 1950 y 25 en 1951. 
Como todas las  grandes figuras del torero también tuvo su pasodoble. En 1948 D. Felipe López Delgado escribió el pasodoble titulado: Paquito Muñoz (qué por cierto está colgado en Youtube para quien lo quiera escuchar). Ese año tuvo que ser uno de los mejores del torero, consagrado en el oficio taurino: decía el periódico la Vanguardia respecto a su corrida en el mes de abril: A las siete de la lluviosa tarde del domingo, e izado como airón glorioso sobre un triar de cabezas, llevaba la multitud en triunfo, Avenida de José Antonio arriba, un muñequito vestido de seda y oro. Era un mocete nacido en Paracuellos de Jarama, partido judicial de la ilustre Cómpluto, que toreaba su primera corrida en España tras una ininterrumpida cadena de éxitos a lo largo de diversas capitales americanas, éxitos que cautivaron en el coso de Lima, donde el arte del chaval alcanzara plenitudes de verdadero «suceso». Paquito Muñoz se llama ese artista, que en la fecha mentada hizo su reaparición en la Monumental — casi llena de público pese al mal estado del tiempo—, montera en mano, en saludo cortés a la inteligente «afición» ante la que iba a actuar. 
Y con tanta afición al mundo del toro, no es de extrañar que se crearan peñas taurinas de Paquito Muñoz fuera de las fronteras de Paracuellos. Así, por ejemplo, se conserva en el archivo municipal una carta enviada el 11 de noviembre de 1948 por D. Jesús Pérez Ortiz presidente del Club taurino Paco Muñoz de Zaragoza agradeciendo al alcalde de Paracuellos su hospitalidad por las inmensas atenciones recibidas en esa localidad con motivo de introducir en ella una imagen de Nuestra Señora del Pilar el pasado mes de octubre, imagen por cierto que aún se conserva en la iglesia. Meses antes, había triunfado junto a Luis Miguel Dominguín en la segunda feria de san Isidro de la historia. Paquito Muñoz salió por la puerta grande de la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid en el año 1952. Ese mismo año, tras unos años de trayectoria irregular jalonada por menos éxitos de los que hubieran sido deseables, unido al hecho de haber recibido una cornada en Barcelona, se cortó la coleta. El 21 de enero de 1953 se casó en la iglesia de la Concepción de Madrid con Margarita Severino, hermana del ganadero salmantino Higinio Luis Severino. 
Una de las anécdotas que nos contó el hijo del chófer de Paquito Muñoz, D. Felipe Velázquez, seguramente ha pasado desapercibida entre los estudiosos del mundo de los toros. Sucedió el 28 de agosto de 1947 cuando se celebraba la Feria de san Agustín de Linares y resultó mortalmente herido el diestro Manolete. Mientras era atendido en el hospital de los marqueses de Linares, parte de su cuadrilla partió hacia Madrid en su coche, un Buick azul de fabricación americana que era el asombro de cuantos lo veían, en busca de los doctores Jiménez Guinea y Garrido, médicos titulares de la plaza de las Ventas. En mitad del trayecto se cruzaron con la cuadrilla de Paquito Muñoz que se dirigía también a Linares porque al día siguiente toreaba en la misma feria. Tras un breve saludo en mitad de aquellas estrechas y solitarias carreteras, y al contarle lo que había sucedido a Manolete y el objeto de aquel viaje, Paquito Muñoz no se lo pensó dos veces y decidió bajar sus bártulos de torear, a su cuadrilla y resto de maletas, y cederles su coche, un Hispano Suiza más moderno y potente que el de Manolete. Probablemente aquel gesto del torero de Paracuellos sirvió para que los médicos llegasen antes a Linares, pero por desgracia no sirvió para salvarle la vida, una de las bolsas de sangre que recibió estaba contaminada, provocándole la muerte.
Pero como les sucede a muchos toreros, reapareció después de 10 años sin torear en la arena de la Plaza de Toros de Barcelona el 24 de junio de 1962. A pesar de que durante la temporada de su retorno a los ruedos apenas pudo firmar ocho contratos. Su última corrida fue el 14 de octubre de 1962,  y le sirvió para ceder la alternativa en la Real Maestranza de Sevilla al joven diestro Manuel García Palmeño. Tras este fallido intento de reaparición, se retiró definitivamente apartándose del mundo de los toros y fijando su residencia en Toledo. 
Paquito Muñoz nos dejó también muy joven, a la edad de 49 años. Su trágica muerte sigue siendo hoy en día unos de los misterios más apasionantes que envuelven la fiesta de los toros. Una mañana fría y nublada del 12 de noviembre de 1977, en los peñascales que salva el puente toledano de San Martín, en pleno río Tajo, apareció el cadáver totalmente destrozado de un hombre, de aspecto todavía joven, con las señales inequívocas de tratarse de un suicidio. Cuando las fuerzas de seguridad llegaron al lugar, encontraron en el pretil del puente una cartera con los documentos que correspondían a D. Francisco Muñoz Herrero natural de Paracuellos de Jarama. Junto a la cartera apareció una carta escrita a mano que decía: Perdonadme. Llamad a las autoridades en las que hablaba de las causas del suicidio. Cuentan los noticiarios de la época que había llegado a Toledo unos días antes, según manifestaron algunos de sus familiares, y que últimamente padecía frecuentes desvanecimientos y no comía. En los últimos días había perdido de seis a siete kilos de peso. En Toledo se le vio varias veces en un coche Renault-8 anaranjado, de matrícula de Navarra dentro del cual durmió durante las dos noches que pasó en Toledo. 
Lo que aconteció después queda relegado al terreno de la especulación y del misterio más absoluto. Pese a ser una historia que carece de rigor histórico, entendemos que tiene los suficientes argumentos e interés para los vecinos de Paracuellos como para reproducir en estas líneas lo que se cree que ocurrió. El cadáver de Paquito Muñoz estaba prácticamente irreconocible, razón por la cual los familiares optaron por enterrarlo a la mayor brevedad posible, aunque exponiendo ciertas reservas, principalmente porque las piernas del difunto no presentaban las cicatrices que daban fe de las varias cornadas que sufrió el torero en su actividad y porque Paquito Muñoz conservaba intacta su dentadura y aquel muerto carecía de ella. Al día siguiente la prensa se hizo eco de la triste noticia del torero de Paracuellos. Todos los rotativos hicieron semblanzas de su biografía y del triste final que conmocionó a las gentes del toro. Poco tiempo después empezó a circular el rumor de que se encontraba en Méjico, rumor avalado por algunas personas que creyeron reconocerlo. Una de las hipótesis más extendidas es que fue ayudado por un famoso cómico azteca, muy amigo suyo, para fingir un suicidio y desaparecer de la escena nacional, ya que se encontraba con graves problemas familiares y económicos. Que el muerto era un mendigo portugués y que la tarde antes del suicidio se dejó ver por la zona a bordo de un Renault 8 color naranja que dejó abandonado a la mañana siguiente. Ayudado por el famoso cómico mejicano se sometió a una cirugía plástica y tomó una nueva identidad haciéndose llamar Oswaldo Ramos y que en la actualidad aún reside en el país azteca alejado de su anterior vida… 
Los recuerdos visibles en la actualidad de esta figura del toreo  son su casa, convertida hoy en Hostal-Mesón Paracuellosen la calle Real, y la calle de Paquito Muñoz.

El Zocato y el Zoquete

Bibliografía:
NÁJERA MARTÍNEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. : Historias de Paracuellos de Jarama. (2016)

domingo, 4 de marzo de 2018

Picón del Cura.



Como ya sabemos, la denominación de los sitios o lugares suele esconder un porqué, una historia que por desgracia, se pierde en la noche de los tiempos. Así por ejemplo descubrimos que, gracias a unas canalizaciones eléctricas,  el Cerro de Valdemahoma esconde un asentamiento musulmán de la Alta Edad Media. O que las Eras de Chambery, que hoy están edificadas y sólo se conserva una calle con ese nombre, se debe a un asentamiento estable del Cuerpo de Dragones de la caballería francesa durante la Guerra de Independencia, como hemos podido averiguar recientemente gracias a un libro editado en Francia. Sin embargo hay un sitio en Paracuellos, probablemente el más popular, que todos los vecinos conocen y por el que se conoce a este pueblo allende nuestras fronteras, que se llama El Picón del Cura (un bonito nombre que sin embargo nuestros políticos municipales se empeñan en cambiar por el del “Balcón de Madrid” más vendible para el turismo que nos visita) y que se nos resiste. Nadie, ni los más viejos del lugar, son capaces de decirnos el porqué de este original nombre. 



Pero como el mundo es una sucesión de casualidades, hace unos pocos de días volvimos a retomar la pregunta. Y para nuestra sorpresa, uno de nuestros amigos sabía algo; por lo visto un tío suyo le contó hace muchos años una historia de un cura que era torero y que el obispo al enterarse le excomulgó. Y por ello pasaba largos ratos en ese pico, que por aquel entonces estaba lo suficientemente alejado del núcleo urbano, para reflexionar o lamentarse de su mala suerte. Enseguida se nos encendió la luz y enlazamos esta historia oral con la recogida en 1860 por el autor costumbrista D. Antonio de Trueba, que está incluida en el libro de Historias de Paracuellos.

El escritor D. Antonio María de Trueba y de la Quintana nació en la localidad vizcaína de Galdames el 24 de diciembre de 1819. Era hijo de campesinos muy pobres, su vocación literaria se despertó con los romances de ciego que le traía su padre cuando venía de visitar una feria. Tuvo que abandonar pronto la escuela para trabajar la tierra y el mineral de las minas de Las Encartaciones, su lugar natal. Cuando contaba quince años (1834) marchó a Madrid para evitar la primera Guerra Carlista; allí se empleó en la ferretería de un tío suyo y robó tiempo al sueño instruyéndose de forma autodidacta y leyendo autores románticos españoles.

En 1845 consiguió un puesto burocrático en el Ayuntamiento de Madrid y con ello logra más tiempo libre para consagrarse a la literatura. A partir de entonces, se dedicó a escribir y publicar libros. Uno de ellos titulado: “Cuentos campesinos “en 1860 en el que se dedicó a visitar los pueblos de los alrededores de Madrid para  recopilar historias, hechos, anécdotas, chascarrillos  que circulaban de tradición oral.  Como él mismo autor reconoce, de estas historias populares sacaba una historia en el que inventaba situaciones, personajes y diálogos para darle cuerpo y siempre con un final feliz y una moraleja. Por tanto, estamos ante  lo que en la actualidad sería una película “basada en hechos reales”.

La historia que recogió de nuestro pueblo está incluida en un capítulo bajo el nombre de: “El Cura de Paracuellos”. Es la historia de un chiquillo pobre que se llamaba Pepillo que se dedicaba a pastorear pero que siempre lo hacía con libros en la mano. Sin embargo lo que más le gustaba era torear:
“Tal afición fue tomando Pepillo al toreo, que dedicaba a él todos sus ratos de ocio, y, como su amo se lo permitiese, no perdía una corrida de novillos de las que se celebraban en los pueblos cercanos de Barajas, Ajalvir, Cobeña, Algete y otros, donde hacía prodigios con su destreza táurica”

 Un “Grande de España” los veía todos los días leyendo y se acercó para preguntarle si quería estudiar pues estaba dispuesto a pagarle los estudios. Pepillo le dijo que sí pero como quería tanto a su pueblo y no quería separase de él, decidió estudiar para cura y así poder ser el cura de su pueblo. Y después de algunos años consiguió su propósito. Sin embargo, ahora ya como Don José, su afición a los toros la siguió cultivando:

“El pueblo paracuellano veía por sus ojos, porque además de todas estas buenas cualidades, tenía otra que le enamoraba, y era la afición del señor cura al toreo y su pericia en capear, picar y poner un par de banderillas con el mayor salero al toro más bravo. Ya se sabía: todos los días, después de cumplir con los deberes de su sagrado ministerio, el señor D. José había de bajar a las praderas del Jarama a entretenerse un poquito capeando o poniendo un par de varas al toro de más empuje y bravura de cuantos allí pastaban”

Pero en una visita del señor Cardenal Arzobispo de la Diócesis, este se enteró de la afición que tenía y decidió “retirar la licencia para ejercer el misterio sacerdotal”; “Todo el pueblo se llenó de pena, y no se oían más que lloriqueos en las casas y en las Calles”.

El final feliz sucede cuando el señor Cardenal Arzobispo, que en días sucesivos había estado visitando los pueblos de la comarca, se dispone a abandonar el pueblo cuando uno de los toros de la Muñoza se arranca a embestirlo, pero  gracias a la pericia del cura de Paracuellos que lo acompaña, consigue con la capa del cardenal, librarlo de una trágica embestida.  EL Cardenal, en agradecimiento,  perdona al Cura pero con la promesa de que no volverá a torear.

Pero yendo a la raíz de la historia, el dato que nos ha de quedar del cuento de “El Cura de Paracuellos” es que sin lugar a dudas, no sabemos aún cuando ni en qué época (aunque sería interesante averiguarlo), en Paracuellos hubo un cura al que le gustaba torear. Y no sólo en su pueblo, sino en todas las ferias taurinas de la Comarca. Hecho que debió ser conocido por las autoridades eclesiásticas, lo que provocó su excomunión o al menos una amenaza de ello. Y eso provocó que se dedicara a reflexionar sobre todo esto dando lagos paseos por las cornisas y barrancos, sobre todo en un cerro que pasó a denominarse El Picón del Cura.


Sin embargo, A pesar de todo lo expuesto, debemos reconocer la fragilidad de este argumento pues no hay en las 15 páginas del cuento, una sola mención a este hecho. Por otro lado, tampoco el autor que visitó someramente nuestro pueblo, tiene por qué saber todos los detalles de esta historia y simplemente la ignoró. En cualquier caso, seguiremos abiertos a cualquier versión que los vecinos den.

El zocato.


Bibliografía:


- NÁJERA MARTÍNEZ, J.; YUSTE RICOTE, L. : Historias de Paracuellos de Jarama. (2016)

- ANTONIO DE TRUEBA: Cuentos Campesinos (1860)